Se siente extraño, pero se siente bien. Más ahora que el dolor corporal se está metiendo en mi vida y me asusta pensar que con él me convertiré en Jean Valjean, o en Santa Teresa de Jesús... (por el auto de Lope de Vega que al parecer solo yo conozco, por fiebre a lo español); una mártir. He leído mucho ya. Es culpa de eso.
Me asusta -me da gracia- que actuar, leer guiones teatrales en mis ratos libres, leer ensayos acerca de Los Miserables por el solo gran miedo que le tengo al libro mismo, me está afectando al fin...
¿Me estaré convirtiendo en alguna criatura mitológica como estos grandes actores que he tenido enseñándome? Una bella personalidad formada a partir de rejuntados de personajes actuados a lo largo de una productiva vida. El drama, la histrionidad salen. Pero se siente bien. Muy bien. Se siente casi como si viviera realmente. La ficción es mejor que la vida real. No me asusta, no me entristece al abrir los ojos y comprobar que no, que no estoy volando, que no, que no estoy en el siglo XVII, que no, no estoy en un crepuscular parque de alguna ciudad latinoamericana en aras de expansión y dominio económico.
Me complace saber que en cualquier momento puedo cerrar los ojos de nuevo, estar atenta al diálogo y responder; ser, comunicarle a las personas lo que he sentido, lo que quiero sentir, a partir de algunas palabras escritas...
El resto lo hace mi imaginación.
Me asusta -me da gracia- que actuar, leer guiones teatrales en mis ratos libres, leer ensayos acerca de Los Miserables por el solo gran miedo que le tengo al libro mismo, me está afectando al fin...
¿Me estaré convirtiendo en alguna criatura mitológica como estos grandes actores que he tenido enseñándome? Una bella personalidad formada a partir de rejuntados de personajes actuados a lo largo de una productiva vida. El drama, la histrionidad salen. Pero se siente bien. Muy bien. Se siente casi como si viviera realmente. La ficción es mejor que la vida real. No me asusta, no me entristece al abrir los ojos y comprobar que no, que no estoy volando, que no, que no estoy en el siglo XVII, que no, no estoy en un crepuscular parque de alguna ciudad latinoamericana en aras de expansión y dominio económico.
Me complace saber que en cualquier momento puedo cerrar los ojos de nuevo, estar atenta al diálogo y responder; ser, comunicarle a las personas lo que he sentido, lo que quiero sentir, a partir de algunas palabras escritas...
El resto lo hace mi imaginación.
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