viernes, 10 de febrero de 2012

 Ya no recuerdo lo que era querer a alguien. Ya no recuerdo la sensación.

 Ya no entiendo por qué me sentía tan feliz viendo las copas de los árboles con los bordes amarillos por el sol. Ya no entiendo por qué sonreía tanto cuando paseaba por San José, y entraba a los museos, y saludaba a los guardas en las entradas.

 La sensación se fue. Ya no entiendo la galofilia, ni por qué Victor Hugo me hacía no poder hablar con nadie por días.

 ¿A dónde has ido?

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