Es hora de ser honesta en algunos aspectos.
Ya es la tercera vez que mi madre me amenaza con sacarme del colegio. Me dijo que no hiciera más mi tarea. Es más, que la borrara. Que ella no quiere que yo estudie así. Que yo no puedo estudiar así. Así, puede sonar como un acto de compasión de ella hacia mí... como un "pobrecita mi chiquita". Pero no.
Ella lo que quiere es que yo cuide a su bebé todas las noches como todas las hermanas mayores deben. Que lave los platos y limpie la casa como todas las mujeres deben. Que tenga notas excelente como cualquier hija debe.
No quiere escuchar a su bebé llorar y quiere trabajar en paz.
Quiere que yo haga todos los reportes de laboratorio en una hora y después apague la computadora para ayudarla en el trabajo.
Quiere darme solo 1000 colones a la semana, cuando mi bus cuesta 290 colones, y las copias semanales aproximadamente 900 colones.
Y... bueno, no me quejo. No es culpa de ella.
De por sí tiene que criar una hija sobresaliente que ayude a la humanidad. Que escriba brillantes ensayos desde la adolescencia. Que gane reconocimientos en todas las olimpiadas en las que participe. Que sea bachiller de honor. Que sea lo más productiva posible en el menor tiempo, porque eso es el más importante. Que sea atractiva, sociable y agradable.
Porque eso es lo que interesa. A las empresas les importa reclutar profesionales jóvenes, porque sus mentes son, no solo flexibles, sino maleables y manipulables. Los mayores de 35 son ya amargados, cerrados y entienden cuando su libertad de pensamiento está restringida.
No vine a ser honesta acerca de mi situación como hija. Sino como joven que intenta entrar a un mundo difícil, que se corroe con el tiempo, que tiene un sistema económico en decadencia y gobiernos quebrados y con funcionarios reciclados hasta el cansancio. Y en nosotros recae la responsabilidad de arreglarlo, como si fuese nuestra culpa, como si fuésemos los responsables de que tanta gente muera de hambre, que muera en guerras, que muera en cárceles por sus ideales.
Soy víctima de un sistema que me quiere hacer megaproductiva y que me recompensa con medallas vacías, dadas por personas que lo único que quieren es regresar a sus casas y comer frituras frente a la televisión. Todo el sistema es frío y no comprende mis irregularidades, por las cuales me amonesta.
No vengo a decir que no sea capaz de hacer todo esto. Todo lo contrario. Pero ruego que paren sus máquinas para pensar cuántas personas se quedan botadas en el camino. Porque simplemente no pueden rendir. Y no son perdonadas nunca. Ellas son así, y no merecen vivir infelices por algo que simplemente no son.
¡Entonces dejen de pretender que todos los jóvenes somos genios! ¡Dejen de discriminar a los que sí son genios porque, aún cumpliendo sus exigencias intelectuales, no pueden ser guapos, amigables, líderes, abiertos!
Ustedes están creando monstruos.
auch
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