martes, 18 de septiembre de 2012

Pistas II

Tan apasionada por los misterios como era, inevitablemente, terminó convirtiéndose en uno.
Su vida transcurría en investigar y construir historias a su alrededor. En encontrar esa red de hilos que terminaba por unir todo lo que existía y que estaba hecha de todo lo que no existía.
Era una hoja que caía, que caía a intervalos y dejaba de caer, que no caía del todo y nunca comenzó a caer realmente. Era, para las personas que le conocían, un espejismo. Porque, no, la gente construye a las personas. Y cada concepto, de cada persona, era distinto. Era toda una multitud de percepciones que se salía de su contorno, que se veía borrosa a ratos y desaparecía por meses.
Pero, muy dentro de sí, era un laberinto. Y lo fatal de su existencia era que el combustible que mantenía la reacción en la que consistía su vida, iba a acabarse en el momento en que lo cruzara.

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