Todos tenemos breakdowns. Sea antes de cambiar de colegio, después de estar en éste un tiempo y ver que nada avanza y que nada se quiere mezclar por más que calor que uno le meta al sistema, sea antes de los exámenes de bachillerato, sea cuando todo el mundo le dice a uno que ya debería tener una decisión clara acerca de qué estudiar en la universidad.
Dicen que nada es imposible, sin embargo, tanto como hay gente que lo logra todo, hay que gente que no lo hace, a pesar de haber ganado todo, a pesar de haberse destacado toda la vida. De tanta gente que hace un examen de admisión, al menos alguien puede tener todas las respuestas correctas, porque someone has to get lucky (Carl Sagan, Contact).
Nada como un choque de realidad para los que nunca les costó nada. El truco de este sistema es que todos pasamos por lo mismo. Así como hay gente que nunca lo logra, hay gente que no se esfuerza ni una sola vez. Estos últimos nunca aprenden a estudiar, nunca aprenden a competir; y cuando llega un reto de verdad caen abruptamente (Community).
Ténganme a mí hace un año. Puedo estar segura de que yo tenía ningún problema real, y sin embargo estaba aburrida (Skins) de todo, de tener tantos límites, de estar rodeada de tanta gente que me era indiferente, de sentir a todos tan falsos tanto como yo misma era falsa, hecha de papel como todas las invenciones y mentiras y sonrisas (John Green, Paper Towns). Estaba en el campamento que este año no vamos a hacer y me sentía distanciada de todo, nada me podía hacer sentir mejor. Aún recuerdo eso como algo importante dentro mis experiencias de este último año y medio. Las experiencias tristes siempre las recuerdo mejor que las felices.
El motivo de las preocupaciones de uno ahora es el tiempo perdido preocupándose por el colegio. Uno debería estar disfrutando ahora que no tiene compromisos ni responsabilidades reales. Este es uno de los momentos más lindos de la vida de uno, y sin embargo acá estamos, preocupándonos por Cálculo.
Esther en The Bell Jar se encontraba fisiológicamente incapaz de ser feliz, o de tener sentimiento alguno. Por eso estaba en Nueva York, rodeada de lujo y de otras muchachas llenas de talento, sintiendo que ella no tenía talento alguno, que no merecía estar ahí. Cada mujer que Esther encontraba en su camino es para mí una mujer que ella misma pudo haber sido. La editora existosa para la cual trabajó durante un mes, la vecina católica que paseaba por el vecindario con sus 10 hijos, su cínica amiga que pretendía y manipulaba a todos, hasta la que suicidó en un bosque fuera del sanatorio. Se suponía que Esther disfrutara ese mes de lujo y oportunidades con el que empieza la novela, que aprovechara cada fiesta y cada entrevista, porque después de eso la vida no le dio más oportunidades.
Dicen que nada es imposible, sin embargo, tanto como hay gente que lo logra todo, hay que gente que no lo hace, a pesar de haber ganado todo, a pesar de haberse destacado toda la vida. De tanta gente que hace un examen de admisión, al menos alguien puede tener todas las respuestas correctas, porque someone has to get lucky (Carl Sagan, Contact).
Nada como un choque de realidad para los que nunca les costó nada. El truco de este sistema es que todos pasamos por lo mismo. Así como hay gente que nunca lo logra, hay gente que no se esfuerza ni una sola vez. Estos últimos nunca aprenden a estudiar, nunca aprenden a competir; y cuando llega un reto de verdad caen abruptamente (Community).
Ténganme a mí hace un año. Puedo estar segura de que yo tenía ningún problema real, y sin embargo estaba aburrida (Skins) de todo, de tener tantos límites, de estar rodeada de tanta gente que me era indiferente, de sentir a todos tan falsos tanto como yo misma era falsa, hecha de papel como todas las invenciones y mentiras y sonrisas (John Green, Paper Towns). Estaba en el campamento que este año no vamos a hacer y me sentía distanciada de todo, nada me podía hacer sentir mejor. Aún recuerdo eso como algo importante dentro mis experiencias de este último año y medio. Las experiencias tristes siempre las recuerdo mejor que las felices.
El motivo de las preocupaciones de uno ahora es el tiempo perdido preocupándose por el colegio. Uno debería estar disfrutando ahora que no tiene compromisos ni responsabilidades reales. Este es uno de los momentos más lindos de la vida de uno, y sin embargo acá estamos, preocupándonos por Cálculo.
Esther en The Bell Jar se encontraba fisiológicamente incapaz de ser feliz, o de tener sentimiento alguno. Por eso estaba en Nueva York, rodeada de lujo y de otras muchachas llenas de talento, sintiendo que ella no tenía talento alguno, que no merecía estar ahí. Cada mujer que Esther encontraba en su camino es para mí una mujer que ella misma pudo haber sido. La editora existosa para la cual trabajó durante un mes, la vecina católica que paseaba por el vecindario con sus 10 hijos, su cínica amiga que pretendía y manipulaba a todos, hasta la que suicidó en un bosque fuera del sanatorio. Se suponía que Esther disfrutara ese mes de lujo y oportunidades con el que empieza la novela, que aprovechara cada fiesta y cada entrevista, porque después de eso la vida no le dio más oportunidades.
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