domingo, 31 de marzo de 2013

Some things are just plain wrong

Pasé los últimos días en Miramar. De jueves a sábado. No fueron muchos. Sí, realmente solo fueron tres. Y no se sintieron como más o como menos. Se sintieron como tres días, normales, riéndome a ratos y queriéndome quedar simplemente callada en otros. No hay nada poético que sacarle a esto.
Los pasé haciendo la penitencia de mate, terminando el reporte de Biociencias. Recuerdo que la primera noche no pude quedarme dormida por estar pensando en la muerte. Es interesante cómo ahora, sentada en pijama frente a la compu, el domingo antes del mediodía, puedo decirlo tranquilamente, y no porque haya hallado una respuesta, sino porque desayuné con mis papás, ayudé a mi hermanito en su práctica de piano, bajé la ropa seca de donde se estaba secando, comí un push-pop. Después de haber hecho todo esto... morir es una idea, gris y que no tiene significado -a esta hora del día. Pero sí... ahí estaba yo acostada, acurrucada en la cama, absorta en un loop de pensamientos acerca de dejar de existir. Y no podía pensar en nada más. Me ahorcaba la soledad de mi mente y el hecho de no tener nada que me consolara. Trataba de recordar el viaje al Poás, lo feliz que me sentí viendo lo amarillo y lo verde y lo azul, y pensando que esos colores reconfortaban a las personas, que por qué lo hacían; solo porque evolucionamos para que esos colores lo hicieran. Y eso lo digo ahora, en su momento yo solo veía en mi mente gris y anaranjado de lámparas de la calle, como un estacionamiento cerrado y casi vacío. Nada. Pensaba en el último suspiro, en los pensamientos de un ateísta moribundo, en si su vida hubiera valido la pena. Y me daba pena mi propia existencia. Yo era consciente de que una sola persona podría darle sentido a mi vida, no a mi vida, a mi cuerpo. Una sola persona podría desequilibrar mi mente de tal forma que todo se viera amarillo, verde y azul, en tonos pálidos, colado de risas y música surf; y que a la hora de mi muerte yo me rindiera con una sonrisa y dijera que no había encontrado una razón mayor, pero que al menos había encontrado a la persona más maravillosa, y había conocido lo más dulce y lo más amargo, que había tenido hijos llenos de amor y juegos, que tanto el conjunto como los pequeños detalles habían valido la pena. Que mi muerte sería para siempre la última imagen en mi mente.
Pero todo eso no lo pensé. Traté de recordar a las personas más especiales en ese preciso instante de mi vida, y aunque no me consoló completamente, logré dejar de pensar en la muerte y quedarme dormida.
No hay nada que me asuste más que dormirme y no volverme a despertar. No me voy a dar cuenta. Es horrible. Y aunque muchos ven en eso toda la tranquilidad, yo no puedo quedarme quieta de solo pensarlo.
En fin, cada día tuvo lo suyo. Al día siguiente la casa se vació porque muchos fueron a caminar. Tuve la noción, por primera vez en mi vida, de que tengo una familia exploradora y deportiva. Pero me quedé haciendo la penitencia de Mate. Y aunque avancé mucho, no me sentí mejor, estaba aburrida. No había nadie con quién conversar.
El sábado me despertó mi madre y me dijo que ellos se iban temprano, que yo me iba a devolver con un tío. No hice nada. Me quedé en la cama pensando qué era mejor. Hasta que escuché que el carro se fue. Y me imaginé llamándolos, diciéndoles que no quería quedarme, que se devolvieran. Pero no. No sé por qué no lo hice, porque me arrepentí y desarrepentí muchas veces en el día.
A las 10 de la mañana estábamos escuchando música en la piscina, de mi música, de mi nueva música surf que voy a meter en mis vídeos, cuando mi celular sonó y me fijé y era un email, y era del UWC y me decían que había sido seleccionada para la siguiente etapa. Una hora después Mau me dijo que él no había sido seleccionado. Y quise sentirme en un momento de tragedia personal secreta, pero no pude. No porque estuviera feliz, sino porque no sabía cómo sentirme. He llorado tanto y he peleado tanto por esto que no sé si valga la pena no seguir. De por sí ya pagué el dinero del campamento que van a hacer la próxima semana. Ya la idea de ir a un UWC es lejana. Ya me imaginé mi primer año de u, con mis compañeros y algunos amigos, lleno de risas y de tardes grises y acurrucada tomando té.
Y ahora que llevo media hora escribiendo ya olvidé por qué puse ese título. Debió de haber sido por mi necesidad de hacer todo melancólico.
Después de haber hablado de la muerte no sé si tuvo sentido seguir hablando de Miramar. Algo es seguro. Me da un malestar en la cabeza por pensar en que estos tres días fueron bonitos.
Por supuesto que tuvieron lo suyo, pero nada especial. El hecho de que aprendí a hacer tragos con ron, tal vez. Consideré analizar el fenómeno de embriagarse con más profundidad.
El punto es que hubo cosas lindas, pero las voy a olvidar porque no soy completamente feliz.
Creo que por eso fue el título.

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