jueves, 13 de junio de 2013

Hay tantas cosas por hacer. Y todos se preocupan por sus puntos, por sus méritos, por la atención que no reciben. Yo estoy cansada. Todos están cansados. Pero yo estoy cansada de sus burbujas, de cómo quieren creerse mejores cada día rebajando a los que sí hacen las cosas bien, a los indefensos que tienen una coraza tan dura que muy pocas de sus insultos pueden atravesar.
Todos quieren tener carros, una casa. Seguramente un título ganado con méritos y el empleo perfecto, uno con el que nunca estén estresados, uno en el que amen cada día cada detalle. También una esposa perfecta, que les prepare y sirva la comida mejor que sus madres. Todos ustedes se quieren sentir especiales por lo que creen que tienen, y por lo que la gente cree que ganaron.
Pero ustedes son cobardes. Le tienen miedo a estar lejos de lo que conocen, tienen miedo de estar solos, tienen miedo de resultar siendo inútiles que no se puedan sustentar a sí mismos. No valemos nada más que nuestros huesos y aún así ustedes insisten en colgarse del cuello metáforas de oro, plata y bronce.
¿Qué malditas habilidades pueden tener para la vida? Copiar en exámenes, competir y ser terribles para la comunicación y el trabajo en equipo.
Hay tantas cosas por hacer. Y cada día me parece más que usted no tienen ni idea.


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